Empezar la semana con un postre especial siempre es una buena idea, pero hacerlo con una receta que rompe moldes y despierta los sentidos lo convierte en algo verdaderamente memorable. La crema de azafrán con crumble de cardamomo es uno de esos dulces que sorprenden desde el primer vistazo y conquistan definitivamente en la primera cucharada.
El azafrán, una especia que solemos asociar a platos salados como arroces, guisos o pescados, demuestra en esta receta su enorme versatilidad y su capacidad para elevar también el universo dulce. Su aroma delicado, su sabor ligeramente floral y su característico color dorado convierten esta crema en un postre elegante, distinto y profundamente gastronómico.
Servida en pequeños ramequines —como estos de forma de corazón— esta crema no solo destaca por su sabor, sino también por su presentación. Es un postre ideal para ocasiones especiales, celebraciones, cenas románticas o simplemente para darse un capricho y disfrutar de la cocina con calma y atención al detalle.

Un postre que recuerda a la tradición… pero va más allá
A primera vista, esta crema de azafrán puede recordar a una crema catalana o a una crème brûlée. Sin embargo, su textura y su elaboración la sitúan en otro terreno. Aquí encontramos una proporción mayor de nata frente a la leche, lo que da como resultado una crema mucho más untuosa, sedosa y envolvente.
Además, la técnica de cocinar los huevos al baño María antes del horneado permite obtener una textura especialmente fina y homogénea, sin rastro de grumos ni de cuajado excesivo. El resultado es una crema suave, elegante y perfectamente equilibrada.
El toque final lo pone el crumble de cardamomo, que aporta contraste de textura y un aroma cálido y especiado que armoniza a la perfección con el azafrán. Y si añadimos unas fresas frescas y una cucharada de yogur griego o crema agria, el postre alcanza un equilibrio perfecto entre dulzor, acidez y cremosidad.

El azafrán en recetas dulces: un ingrediente que sorprende
Aunque no es lo más habitual, el uso del azafrán en repostería tiene una larga tradición en distintas culturas. En esta receta, el azafrán no domina ni enmascara otros sabores, sino que aporta profundidad, elegancia y un matiz aromático muy sutil.
Infusionado lentamente en la leche y la nata, el azafrán libera todo su potencial: color, aroma y sabor. Es importante utilizar hebras de calidad y respetar los tiempos de infusión para obtener el mejor resultado posible.
Esta crema de azafrán es un ejemplo perfecto de cómo una especia noble puede transformar un postre clásico en una experiencia gastronómica diferente y memorable.

Ingredientes para la crema de azafrán con crumble de cardamomo
Para la crema de azafrán
• 1/2 taza de leche entera (125 ml)
• Unas hebras de azafrán
• 1 1/2 taza de nata (375 ml)
• 4 yemas de huevo
• 2 cucharadas soperas de azúcar
Para el crumble de cardamomo
• 1/2 taza de harina normal (65 g)
• 50 g de mantequilla muy fría, cortada en dados
• 1/4 de taza de azúcar moscobado (53 g)
• Semillas de 5–6 vainas de cardamomo
Para servir
• Fresas frescas
• Yogur griego o crema agria (opcional)

Cómo preparar la crema de azafrán paso a paso
1. Infusionar el azafrán
Pon la leche y la nata en un cazo a fuego medio. Cuando empiece a calentarse, añade las hebras de azafrán y deja infusionar durante unos 20 minutos sin que llegue a hervir. Retira del fuego y cuela para eliminar las hebras. Reserva el líquido aromatizado.
Este paso es clave para conseguir una crema de azafrán bien equilibrada y con un color uniforme.
2. Preparar el baño María
Precalienta el horno a 160 ºC con calor arriba y abajo. Prepara una bandeja profunda apta para horno donde colocarás los ramequines y el agua caliente para el baño María. Engrasa ligeramente los recipientes con mantequilla.
3. Montar las yemas con el azúcar
Coloca una olla con agua al fuego y encaja un bol resistente al calor encima, sin que toque el agua. Añade las yemas y el azúcar y bate suavemente hasta obtener una mezcla cremosa y pálida.
4. Incorporar la nata y la leche
Añade poco a poco la mezcla de leche y nata infusionada con azafrán, sin dejar de remover. Hazlo con cuidado para evitar que los huevos cuajen. Mantén el bol al baño María y remueve constantemente durante unos 20 minutos, hasta que la crema espese ligeramente.
5. Horneado al baño María
Reparte la crema en los ramequines. Colócalos en la bandeja del horno y añade agua caliente hasta cubrir aproximadamente la mitad de su altura. Hornea durante unos 45 minutos, hasta que la crema esté cuajada pero aún temblorosa en el centro.
Retira del horno, deja enfriar a temperatura ambiente y refrigera durante al menos dos horas.

Preparación del crumble de cardamomo
1. Mezclar los ingredientes
Precalienta el horno a 170 ºC. En un bol, mezcla la harina, el azúcar moscobado, la mantequilla fría y las semillas de cardamomo previamente machacadas o picadas.
2. Trabajar la masa
Con las yemas de los dedos, integra los ingredientes hasta obtener una textura de migas irregulares. No amases en exceso; el objetivo es conseguir un crumble suelto y crujiente.
3. Hornear
Extiende las migas en una bandeja antiadherente y hornea durante unos 15 minutos, o hasta que estén ligeramente doradas. Deja enfriar y rompe en trozos desiguales.

Montaje y presentación del postre
Saca la crema de azafrán de la nevera unos minutos antes de servir. Añade unas fresas frescas cortadas, reparte el crumble de cardamomo por encima y, si lo deseas, acompaña con una cucharada de yogur griego o crema agria para aportar frescura.
El contraste de temperaturas, texturas y aromas convierte este postre en una experiencia completa.

Consejos para un resultado perfecto
• Usa azafrán de calidad para obtener el mejor aroma y color.
• No subas demasiado el fuego al cocinar la crema al baño María.
• Respeta los tiempos de reposo en frío para que la textura sea ideal.
• Puedes preparar la crema con antelación y añadir el crumble justo antes de servir.

Un postre para repetir en cualquier época del año
Aunque los ramequines tengan forma de corazón, esta crema de azafrán con crumble de cardamomo es un postre atemporal. Funciona igual de bien en una cena especial, una comida familiar o como broche final de un menú elegante.
Es la prueba de que el azafrán también brilla en el terreno dulce y de que, con buenos ingredientes y una elaboración cuidada, los postres pueden convertirse en auténticas joyas gastronómicas.
Si buscas una receta diferente, sofisticada y llena de matices, esta crema se convertirá en una de tus favoritas. 💛✨